Yes, Virginia...

The Dresden Dolls – Yes, Virginia…

1. Sex Changes – (4:11)
2. Backstabber – (4:11)
3. Modern Moonlight – (4:45)
4. My Alcoholic Friends – (2:47)
5. Delilah – (6:54)
6. Dirty Business – (3:36)
7. First Orgasm – (3:49)
8. Mrs. O. – (4:40)
9. Shores of California – (3:35)
10. Necessary Evil – (2:54)
11. Mandy Goes to Med School – (4:39)
12. Me & the Minibar – (4:35)
13. Sing – (4:40)

Con dos discos a cuestas, A Is For Accident (una compilación en vivo) y The Dresden Dolls, los autodenominados “punk-cabaret Brechtiano” (aludiendo a Bertolt Brecht, dramaturgo alemán) vuelven a la carga con Yes, Virginia…, un álbum delicado y encantador, a la vez que irónico y dramático, mostrando una admirable evolución del sonido tan característico de la banda, con letras en las que abundan las malintencionadas referencias al sexo, al alcohol y a las mujeres fáciles.

El nombre del disco – en una suerte de burla ingenua a lo contenido en él – está tomado de una historia de Navidad, en la cual una niña de 8 años envía una carta al New York Times con la incertidumbre de si realmente existe Santa Claus, a lo que la editorial del periódico responde, “Sí, Virginia… sí existe”.

Este dúo oriundo de Boston, Massachusetts, re-inventa el concepto de cabaret dándole un toque sucio, violento y desenfadado, pero con toda la elegancia de la que se place el burlesque. Hombres pagando por sexo, mujeres maltratadas y personas con problemas de alcohol es a lo que apunta este disco, un claro y para nada disimulado revival de la época dorada del cabaret, con influencias tan disímiles entre sí que van desde Marlene Dietrich y Nina Hagen hasta los Psychedelic Furs pasando por toda una gama de artistas post-punk y new wave.

El disco abre con una vigorosa Sex Changes, en la que la voz de la bella Amanda Palmer se acopla a la perfección al jazzístico piano del corte. Desde ya, podemos apreciar el polifacetismo que el dúo se encargará de hacernos notar en el transcurso del álbum. La antesala perfecta al iniciar el viaje a través de este seductor cóctel de piano, bajo y percusiones, únicos instrumentos usados en Yes, Virginia…, explorando diversas corrientes musicales y líricas, sumergiéndonos en un universo totalmente distinto al que estamos acostumbrados. Y que termina con la suave Sing, el primer sencillo del disco, una tierna balada que comienza con un rasgueo exquisito en guitarra, una melodía un poco angelical para un espectáculo de bar de fines del siglo XIX, pero que va cobrando fuerza a medida que la bella Amanda canta con algo de recelo las últimas líneas del disco.

De cualquier manera, la versátil voz de Amanda Palmer y su creatividad tanto lírica como musicalmente, canciones que hablan de soledad, miseria, manipulación y, a modo de trivia, algunas confesiones sobre la sexualidad de la vocalista, la sonoridad diferente, liberal y nueva de Yes, Virginia…, hacen de este álbum un must be que cualquier humano o bestia debería escuchar.

Uvula.